Nuño

Estaba en mi cuarto escribiendo esto y he alcanzado la iluminación.

Tengo un amigo ateo que me aplastó en una competición de a ver qué es lo más ilegal que has hecho nunca, pues vive en un país en el que la pena por renegar del islám es la muerte. Sus padres lo sospechan, y recientemente le han comprado un libro de apología.

Asumamos por un momento que la teoría del contrato social es una buena, correcta, útil conceptualización de la realidad, que captura su esencia. Mi amigo no firmaría el contrato social de su país en su totalidad, pero sí parcialmente; no va desnudo por la calle, presumiblemente le horrorizaría que alguien lo hiciera. No roba. Entonces firma el contrato social tan solo en parte.

Ahora viene la pregunta: ¿tendría mi amigo el deber de decir la verdad si llegara un imam, un policía u otra figura de autoridad y le preguntaran si es ateo? Como defiende Esther Villar en El varón domado, [traduzco del alemán] “Desde la perspectiva moral se encuentra el derecho a la mentira entre aquellos Derechos Humanos que todos deberían tener, pues mediante ella se puede desviar la descarada vigilancia que las sociedades intentan llevar a cabo, y así disminuir la intensidad de la lucha por la propia existencia”.

En La opción de Kolmogorov, Scott Aaronson explica que en la Unión Soviética, proclamar la verdad sobre genética mendeliana o sobre el no solo peligroso sino también inútil. Prefiriendo no ser un martir, Kolmogorov elige construir y defender pequeñas fortalezas para la verdad en lugares en los que las autoridades ideológicas no entran, como las matemáticas puras. Buena idea, mentir.

Pero hemos sido indoctrinados a creer que la mentira es mala, aunque no es inesperado que la Inquisición, en su propaganda, presente como inmoral el mentirla y como indignante el que no se le confiese la verdad. Pero si eres un criptojudío tal vez te interese conceptualizar el mentir como derecho.

Consideremos ahora estos tres dialógos.

Lobo: “X”.

Pedro: No X, y si impones tu voluntad sobre la mía voy a encontrar una forma de sabotearte

Lobo castiga a Pedro. Pedro siente resentimiento.

Lobo: “Haz X”.

Pedro utiliza Artes Oscuras. No hace X.

Lobo no castiga a Pedro.

Loco: “Prefiero X”

Pedro: “No X, y si impones tu voluntad sobre la mía voy a encontrar una forma de sabotearte. Por qué no intentamos buscar un compromiso. “

Loco utiliza diálogo. Compromiso.

Nótese que Lobo tiene dos diálogos, pues tras suficientes castigos Pedro abandona el primer esquema y se rinde ante el incentivo de utilizar Artes Oscuras. En términos kantianos, tras tanto tiempo mostrando buena voluntad a un Lobo que actúa con mala voluntad, Pedro aprende a mentir.

Una mentira calculada es un escudo que ampara;
frustrada una facha que fisga,
desviada una masa que lincha,
frenada una Stasi que acecha.